sud en guate

El rescate de un niña vendida

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Con la entrega de los niños y adolescentes que habíamos recogido en la frontera no acababa la jornada. Aun nos quedaba trabajo; continua el post anterior.

Habíamos entregado al último de los siete adolescentes a sus familias y mirábamos el reloj, eran las cinco y media de la tarde y no encontrábamos el momento de volver a casa; en esos momentos comenzaba a arrepentirme de haber accedido a jugar al fútbol con los compañeros del Juzgado, pero aún me quedaban unas horas para descansar.

Apunto de despedirnos, la Directora Regional de la Procuraduría General de la Nación nos informa que la Policía Nacional Civil ha encontrado a la niña de veintinueve días que el departamento de Quetzaltenango lleva días buscando; incluso había aparecido en el periódico local solicitando la ayuda ciudadana. No podíamos esconder la curiosidad que esta niña nos había despertado y aceptamos la invitación de conocerla.

Nos dirigimos a la oficina de la PGN y allí esperamos a la niña. El personal está cansado, el día estaba siendo duro, y esperamos sentados la llegada de la niña. Todavía desconocemos los detalles del caso.

En el silencio de la oficina irrumpe el llanto de un niño que nos hace despertar. Por fin la vemos, rodeada en una enorme manta, una niña preciosa de piel morena, cabello oscuro y de un mes de edad.

Nos encomiendan su cuidado mientras la PGN se encarga del procedimiento burocrático correspondiente. La abrazo entre mis brazos, le transmito tranquilidad y confort, lo noto, se hace caca encima.

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Parece que el confort que le transmitía desaparece y comienza a llorar. Ahora es Isa la que se anima a intentar calmarla, pero ella tampoco es capaz de conseguirlo. El personal de la PGN ya nos avisa que nuestro aprobado en el Carnet de Padres se complica. El llanto de la niña provoca que una mujer de mediana edad se acerque y la coja, no sabemos quién es, pero es evidente que entre ella y la niña hay algún tipo de relación. Le cambian el pañal, le dan de cenar y la niña deja de llorar y se duerme.

La reunión del personal de la PGN termina y nos piden que les acompañemos en coche; nos encomiendan de nuevo el cuidado de la niña. No entendemos nada. Durante el trayecto por fin el caso coge forma. La madre de la niña, tras ocultar el embarazo por miedo a las represalias de su familia, decide venderla cuando esta tenía veintiún días de nacida. El padre se desentendió de ambas. A la madre compradora la conocemos, es la mujer que consiguió calmar el llanto del bebé momentos antes.  La niña, al salir del feto materno, se convirtió en un objeto comerciable. El precio son 4.000 Quetzales (400 euros). El motivo es la renuncia de la madre biológica a ser su núcleo afectivo y la imposibilidad de la compradora de tener hijos naturales.

Este contrato sale a la luz tras la denuncia del cuñado de la madre biológica, quien pretende hacerse cargo de la niña. La policía comienza la investigación y la encuentran ocho días después en Huehuetenango, a dos horas y media de Quetzaltenango.

La compraventa o los regalos de niños no son un fenómeno desconocido en Guatemala, al igual que los abandonos. Si bien no son los casos más comunes en el Juzgado de la Niñez y Adolescencia donde trabajamos, no es el primer caso que conocemos. En todos ellos los motivos y las condiciones son similares. Lejos del concepto de vientres de alquiler que en España hemos oído, el problema existente en este país reside en las dificultades económicas que ostentan las progenitoras para sustentar a sus hijos recién nacidos. A este obstáculo se debe añadir el hecho de que en multitud de ocasiones son madres solteras que no cuentan con el apoyo de sus familias.

Los niños no son buscados, no existe intención de gestarlos para su posterior venta/regalo sino que son embarazos no deseados que sus progenitores no pueden evitar debido a la falta de educación sexual y la inexistencia del aborto. El primero de ellos es un problema grave en este país que merece un post y que pronto mostraremos.

Llegamos al Juzgado, son las siete y cuarto; como esto continué alargándose no llego al partido de fútbol. La niña es octomesina, está desnutrida y tiene problemas estomacales. Necesitamos un oficio de la juez de paz de guardia para poder hospitalizarla. Entramos en el Juzgado y vemos a la madre  biológica; es muy joven, solo tiene dieciocho años. Rompe a llorar cuando ve a su hija, pero no la abraza, no la toca, se siente avergonzada. Nuestra repulsión por el hecho que cometió se suaviza cuando la vemos llorando e intentamos comprender los motivos que la motivaron a actuar de tal modo.

La juez de paz se retrasa, pero finalmente llega y la saludamos, ya que hemos compartido con ella alguna de las reuniones de los miércoles entre jueces y abogados guatemaltecos. El papeleo por suerte es rápido, la burocracia empieza a molestarnos; solo queremos que la niña sea asistida por un médico. Antes de marchar llegan los medios de comunicación locales, entrevistan a la Directora de la PGN y a la jueza, hacen fotos a la niña; mañana será una de las noticias que destaquen en los programas de radio y en los periódicos.

Mientras la PGN contesta a la preguntas de los periodistas acompañamos a la madre adoptiva a la salida del Juzgado. Se derrumba. A la pérdida de la que hasta hoy era su hija adoptiva se suma la acusación pública por el delito de trata de personas. Puede incluso entrar en prisión; las penas en Guatemala son bastante más duras que las españoles. La intentamos consolar, nos despedimos y le predecimos un final feliz para esta situación. Entre Isa y yo ya no hablamos, estamos paralizados.

Volvemos a entrar en el Juzgado, nos despedimos de la juez quien nos invita a hacerle una visita pronto, y nos ponemos en dirección al Hospital Nacional de Occidente, nuevamente con la niña entre los brazos.

Entramos en el Hospital y la realidad nos vuelve a golpear. La sala infantil de urgencias tiene aproximadamente quince camas, sin separación alguna. Tres niños, cada uno con su enfermedad, comparten una cama. El personal sanitario no da abasto y los lloros de los niños son el ruido de fondo con el que trabajan. Situamos a la niña donde encontramos lugar; la madre de un niño nos hace un hueco en la cama que ocupa su hijo. En la camilla conjunta, una niña conectada a un respiradero tose sin parar. En esta sala es más fácil que te contagien otra enfermedad que te curen la tuya; desde luego no es el sitio idóneo para una niña octomesina, con desnutrición y con el sistema inmunológico debilitado. Solo deseamos que la atiendan rápido y la deriven a la especialidad correspondiente.

Llega el Ministerio Público y entrevista a la madre adolescente, le avisan que ha cometido un delito y que se verá envuelta en un procedimiento judicial en el que será juzgada y donde se determinará su responsabilidad penal.

Son las nueve y media de la noche y habiendo dejado a la niña en las manos de un médico, nuestro trabajo ha terminado por hoy. Se me ha hecho la hora de ir a jugar al fútbol; ahora me arrepiento totalmente, pero nunca hubiese imaginado un día tan intenso.

Nos despedimos del personal de la PGN y nos avisan que no nos olvidemos fácilmente de este caso, pronto lo tendremos en el Juzgado. Después de quince horas de trabajo, la jornada laboral llega a su fin.

Saludos desde un pequeño país llamado Guatemala.

Carlos.

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