sud en guate


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Un reencuentro anunciado.

Nos avisaron que no nos olvidásemos fácilmente del caso. Así ha sido; nos reencontramos con la niña vendida que rescatamos hace una semana y sobre la que escribimos hace no mucho.

No hay mal que por bien no venga. Este refrán se hizo cierto. El día jueves teníamos una reunión con un juez de ejecución, quien se había comprometido a llevarnos a visitar la cárcel de La Granja, en Cantel. Pero nuestro ocupado juez se había olvidado de nuestro encuentro, así que aplazamos la visita, la cual tendrá su correspondiente post en este blog.

Un poco decepcionados y preocupados por si el juez volvería a olvidarse, llegamos al Juzgado a trabajar. Misma rutina: besamos a todos;” ¿cómo amaneció usted?”; “qué bueno que este bien”; “lléveme a Barcelona”. Me acerco a saludar a la secretaria y a su lado veo un carrito y dentro, “una niña preciosa de piel morena, cabello oscuro y de un mes de edad”. Los lectores de este blog ya la conocen.

La niña tiene mejor aspecto. Está presenta la  Directora del Hogar Temporal donde la niña ha sido abrigada estas semanas y también la médico que nos atendió en el hospital el día que la ingresamos. Me presento y les preguntó por la niña. Muy agradecidas me contestan que la niña ya se ha recuperado de sus problemas estomacales, ha empezado a ser bien alimentada y se recupera de su desnutrición.  Aquella sala de urgencias no le contagió ninguna enfermedad.

Comienza la audiencia donde se dilucidará el futuro de la niña. Pienso en la tarea del juez, en su responsabilidad y en la implicación que su decisión tiene en el futuro de una niña que desconoce que está ocurriendo entre estas cuatro paredes. ¿En qué momento otorgamos ese poder a una persona que ha aprobado un examen jurídico? Aquí las leyes tienen poco que decir. Espero que el Juez tenga un buen día, esté descansado y tome una decisión en beneficio de la niña.

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La madre biológica pasa al estrado y el juez la interroga sobre lo que la motivó a vender a su primera hija. Su testimonio me sorprende; afirma que la niña es fruto de una violación. En el momento del rescate y de la entrevista que le hizo el Ministerio Público no hizo referencia en absoluto a esto. No sé qué creer; dudo si en el momento de la entrevista con la fiscal estaba demasiado traumatizada al reencontrarse con su hija para hablar sobre la supuesta agresión sexual que sufrió o simplemente es un argumento con el que intenta probar su trauma post-parto y que este le sirva de eximente en el delito de trata de personas que cometió. No envidió la tarea del juez, aunque la responsabilidad penal de la madre no es el objeto de esta audiencia; es el futuro de la niña lo que está en juego y lo que realmente me preocupa.

Finalmente la audiencia acaba satisfactoriamente y la niña es entregada a su tía materna, quien ha solicitado que se le entregue para su cuidado temporal. Definitivamente la niña estará mejor acogida con su familia que en uno de los hogares temporales que hemos visitado.

Este tipo de casos ocurren en Guatemala, pero en ellos el Estado da una respuesta satisfactoria. Desgraciadamente no siempre es así y espero tener tiempo para contar por qué.

Saludos desde un pequeño gran país llamado Guatemala.

Carlos.


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El rescate de un niña vendida

Con la entrega de los niños y adolescentes que habíamos recogido en la frontera no acababa la jornada. Aun nos quedaba trabajo; continua el post anterior.

Habíamos entregado al último de los siete adolescentes a sus familias y mirábamos el reloj, eran las cinco y media de la tarde y no encontrábamos el momento de volver a casa; en esos momentos comenzaba a arrepentirme de haber accedido a jugar al fútbol con los compañeros del Juzgado, pero aún me quedaban unas horas para descansar.

Apunto de despedirnos, la Directora Regional de la Procuraduría General de la Nación nos informa que la Policía Nacional Civil ha encontrado a la niña de veintinueve días que el departamento de Quetzaltenango lleva días buscando; incluso había aparecido en el periódico local solicitando la ayuda ciudadana. No podíamos esconder la curiosidad que esta niña nos había despertado y aceptamos la invitación de conocerla.

Nos dirigimos a la oficina de la PGN y allí esperamos a la niña. El personal está cansado, el día estaba siendo duro, y esperamos sentados la llegada de la niña. Todavía desconocemos los detalles del caso.

En el silencio de la oficina irrumpe el llanto de un niño que nos hace despertar. Por fin la vemos, rodeada en una enorme manta, una niña preciosa de piel morena, cabello oscuro y de un mes de edad.

Nos encomiendan su cuidado mientras la PGN se encarga del procedimiento burocrático correspondiente. La abrazo entre mis brazos, le transmito tranquilidad y confort, lo noto, se hace caca encima.

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Parece que el confort que le transmitía desaparece y comienza a llorar. Ahora es Isa la que se anima a intentar calmarla, pero ella tampoco es capaz de conseguirlo. El personal de la PGN ya nos avisa que nuestro aprobado en el Carnet de Padres se complica. El llanto de la niña provoca que una mujer de mediana edad se acerque y la coja, no sabemos quién es, pero es evidente que entre ella y la niña hay algún tipo de relación. Le cambian el pañal, le dan de cenar y la niña deja de llorar y se duerme.

La reunión del personal de la PGN termina y nos piden que les acompañemos en coche; nos encomiendan de nuevo el cuidado de la niña. No entendemos nada. Durante el trayecto por fin el caso coge forma. La madre de la niña, tras ocultar el embarazo por miedo a las represalias de su familia, decide venderla cuando esta tenía veintiún días de nacida. El padre se desentendió de ambas. A la madre compradora la conocemos, es la mujer que consiguió calmar el llanto del bebé momentos antes.  La niña, al salir del feto materno, se convirtió en un objeto comerciable. El precio son 4.000 Quetzales (400 euros). El motivo es la renuncia de la madre biológica a ser su núcleo afectivo y la imposibilidad de la compradora de tener hijos naturales.

Este contrato sale a la luz tras la denuncia del cuñado de la madre biológica, quien pretende hacerse cargo de la niña. La policía comienza la investigación y la encuentran ocho días después en Huehuetenango, a dos horas y media de Quetzaltenango.

La compraventa o los regalos de niños no son un fenómeno desconocido en Guatemala, al igual que los abandonos. Si bien no son los casos más comunes en el Juzgado de la Niñez y Adolescencia donde trabajamos, no es el primer caso que conocemos. En todos ellos los motivos y las condiciones son similares. Lejos del concepto de vientres de alquiler que en España hemos oído, el problema existente en este país reside en las dificultades económicas que ostentan las progenitoras para sustentar a sus hijos recién nacidos. A este obstáculo se debe añadir el hecho de que en multitud de ocasiones son madres solteras que no cuentan con el apoyo de sus familias.

Los niños no son buscados, no existe intención de gestarlos para su posterior venta/regalo sino que son embarazos no deseados que sus progenitores no pueden evitar debido a la falta de educación sexual y la inexistencia del aborto. El primero de ellos es un problema grave en este país que merece un post y que pronto mostraremos.

Llegamos al Juzgado, son las siete y cuarto; como esto continué alargándose no llego al partido de fútbol. La niña es octomesina, está desnutrida y tiene problemas estomacales. Necesitamos un oficio de la juez de paz de guardia para poder hospitalizarla. Entramos en el Juzgado y vemos a la madre  biológica; es muy joven, solo tiene dieciocho años. Rompe a llorar cuando ve a su hija, pero no la abraza, no la toca, se siente avergonzada. Nuestra repulsión por el hecho que cometió se suaviza cuando la vemos llorando e intentamos comprender los motivos que la motivaron a actuar de tal modo.

La juez de paz se retrasa, pero finalmente llega y la saludamos, ya que hemos compartido con ella alguna de las reuniones de los miércoles entre jueces y abogados guatemaltecos. El papeleo por suerte es rápido, la burocracia empieza a molestarnos; solo queremos que la niña sea asistida por un médico. Antes de marchar llegan los medios de comunicación locales, entrevistan a la Directora de la PGN y a la jueza, hacen fotos a la niña; mañana será una de las noticias que destaquen en los programas de radio y en los periódicos.

Mientras la PGN contesta a la preguntas de los periodistas acompañamos a la madre adoptiva a la salida del Juzgado. Se derrumba. A la pérdida de la que hasta hoy era su hija adoptiva se suma la acusación pública por el delito de trata de personas. Puede incluso entrar en prisión; las penas en Guatemala son bastante más duras que las españoles. La intentamos consolar, nos despedimos y le predecimos un final feliz para esta situación. Entre Isa y yo ya no hablamos, estamos paralizados.

Volvemos a entrar en el Juzgado, nos despedimos de la juez quien nos invita a hacerle una visita pronto, y nos ponemos en dirección al Hospital Nacional de Occidente, nuevamente con la niña entre los brazos.

Entramos en el Hospital y la realidad nos vuelve a golpear. La sala infantil de urgencias tiene aproximadamente quince camas, sin separación alguna. Tres niños, cada uno con su enfermedad, comparten una cama. El personal sanitario no da abasto y los lloros de los niños son el ruido de fondo con el que trabajan. Situamos a la niña donde encontramos lugar; la madre de un niño nos hace un hueco en la cama que ocupa su hijo. En la camilla conjunta, una niña conectada a un respiradero tose sin parar. En esta sala es más fácil que te contagien otra enfermedad que te curen la tuya; desde luego no es el sitio idóneo para una niña octomesina, con desnutrición y con el sistema inmunológico debilitado. Solo deseamos que la atiendan rápido y la deriven a la especialidad correspondiente.

Llega el Ministerio Público y entrevista a la madre adolescente, le avisan que ha cometido un delito y que se verá envuelta en un procedimiento judicial en el que será juzgada y donde se determinará su responsabilidad penal.

Son las nueve y media de la noche y habiendo dejado a la niña en las manos de un médico, nuestro trabajo ha terminado por hoy. Se me ha hecho la hora de ir a jugar al fútbol; ahora me arrepiento totalmente, pero nunca hubiese imaginado un día tan intenso.

Nos despedimos del personal de la PGN y nos avisan que no nos olvidemos fácilmente de este caso, pronto lo tendremos en el Juzgado. Después de quince horas de trabajo, la jornada laboral llega a su fin.

Saludos desde un pequeño país llamado Guatemala.

Carlos.


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Niños migrantes guatemaltecos

Viajamos al norte del país, a la frontera con México. No vamos de turismo, buscamos a los niños y adolescentes guatemaltecos que cruzan la frontera en dirección a los Estados Unidos de América. Ellos tampoco van de turismo, intentan alcanzar un sueño. El sueño de poder tener un trabajo, una educación, un futuro próspero.

Son las cinco de la mañana en Quetzaltenango y comienza uno de los días más interesantes y duros de nuestra estancia en este país. Tras hablar con la Procuraduría General de la Nación, conseguimos autorización para acompañar a las trabajadoras sociales de la PGN a Malacatán, localidad guatemalteca fronteriza con México. Nos hacen pasar por observadores del Juzgado de la Niñez y Adolescencia e incluso ocultan que somos españoles a según qué personas; no es común que haya extranjeros presentes en este procedimiento.

Alrededor de las 11 de la mañana alcanzamos la frontera  y sin cruzarla nos detenemos en la oficina de migración del estado guatemalteco. Preguntamos por los niños y adolescentes a quienes pretendemos traer de vuelta a Xela para entregárselos a sus familias; nos dicen que nos tienen noticias de ellos. Hay que esperar. Decidimos dar un paseo por los alrededores y comer.

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Malacatán es muy distinto a Quetzaltenango, principalmente por el calor. Pasamos de una primavera en Xela a un verano caluroso en la frontera. Guatemala es un país de contrastes: multicultural, multilingüe y también de cambios de temperatura.

Es la una del mediodía, suena el teléfono, ha llegado el autobús. Signamos y sellamos papeles; los niños ya no son responsabilidad del estado mexicano. Bienvenidos a Guatemala, bienvenidos a casa.

El autobús es un Pullman con matrícula mexicana. Antes de subir nos sorprende ver a la policía escoltando el vehículo.

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Son dieciocho niños y adolescentes, entre los doce y los diecisiete años: quince niños y tres niñas. Nos avisan de que hoy son pocos; han llegado a venir hasta 2 autobuses llenos (100 niños) y estas entregas se pueden realizar hasta dos veces por semana.

Subimos y vemos sus caras, de nuevo el contraste que caracteriza a este país y a sus gentes: la felicidad se mezcla con la tristeza. Algunos contentos por volver a reencontrase con sus familias y por estar de nuevo en su país; otros con sabor agridulce por no haber conseguido el objetivo. Nos preguntamos cómo será la reacción al reencontrarse con sus familias.

Una de las trabajadoras sociales les da la bienvenida y hace las presentaciones del personal que vamos en el autobús. Nos pasa la palabra, pero que decirles a estos valientes que tanto han arriesgado por conseguir aquello que desean. Solo podemos ofrecer nuestros oídos, nuestro apoyo y servirles comida y bebida.

Todavía en shock comienza el viaje de regreso. Entre ellos se llevan bien, se sientan juntos, se hacen bromas, son una familia. Les dejamos espacio para que puedan comer y descansar. Durante el trayecto ponen una película ambientada en Estados Unidos, nos preguntamos qué les producirá ver en pantalla aquello que hasta hace unos días era su objetivo. Para nuestra tranquilidad se ríen con la película y nos alegra ver que se olvidan por un rato de la experiencia que están viviendo.

El transporte de personas de manera ilegal del estado guatemalteco a otro es un delito en este país. El coyotaje es un delito tipificado en el Código Penal guatemalteco como trata de personas. Los coyotes cobran entre 50.000 y 80.000 Quetzales (5.000-8.000 euros) por transportar a personas desde Guatemala hasta los Estados Unidos. Sorprendentemente este servicio tiene seguro, los coyotes garantizan hasta tres intentos para alcanzar los Estados Unidos de América.

El número de personas que arriesgan sus vidas y ahorros por alcanzar los Estados Unidos ha aumentado en los últimos meses, sobretodo en el caso de los adolescentes. Por lo que nos cuentan, la política migratoria de los Estados Unidos de América era de no tener niños y adolescentes ilegales en su territorio y se comprometían a legalizar su situación. Esta decisión política ha incentivado los movimientos migratorios hacia el norte del continente. Sin embargo, USA ha dado marcha atrás y ha comenzado a devolver a los niños y adolescentes a sus países de procedencia. Esta nueva dirección en la política americana ha sido contagiada a México, quien también devuelve a los niños ilegales que encuentra en su territorio. La mayoría de ellos son detenidos en los transportes públicos y retenidos en un centro hasta que el número de migrantes es suficiente como para transportarlos a todos en un autobús. Esta espera puede alargarse hasta quince días.

Al llegar a Xela, el Hogar donde los adolescentes que no sean recogidos por sus familias pasarán la noche les ofrece comida guatemalteca caliente mientras los psicólogos y trabajadores sociales les atienden.

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Comienzan a llegar las familias de algunos de los niños y adolescentes y se hacen las primeras entregas. Nos permitan asistir a las entrevistas entre la Procuraduría General de la Nación y las familias y niños. Escuchamos como estos últimos relatan su viaje y su experiencia. Todos reconocen como trataban de alcanzar territorio norte americano y declaran no haber sufrido ningún tipo de agresión; no siempre es así. Nos sorprende como las familias eran conscientes del viaje que sus hijos comenzaban, pero obviamente ellas han pagado el pasaje.

La última pregunta obligatoria en estas entrevistas es si volverían a intentar cruzar la frontera de manera ilegal. Agachan la cabeza, miran a sus familiares o se ríen. Todos contestan que no, pero el trayecto ya está pagado. Algunos de ellos conseguirán su objetivo, otros volverán a tomar el mismo autobús de regreso a Guatemala.

Saludos desde un pequeño país llamado Guatemala.

Carlos.